La voz es uno de los canales expresivos más ricos que una persona posee. El canto coral como herramienta pedagógica facilita en forma sensible el desarrollo de capacidades intelectuales, físicas, emocionales y expresivas.
Utilizando estrategias pedagógicas fundamentadas en el juego, la expresión y la construcción colaborativa para fomentar el desarrollo de habilidades intelectuales, emocionales, de la mano de la convivencia e interacción social, la experiencia del canto coral en los niños propone una suerte de comunicación con las posibilidades de lo que somos, lo que podemos expresar a través de la voz, y también de nuestro cuerpo como instrumento. Se trata de la euritmia (que entrena el cuerpo para sentir conscientemente las sensaciones musculares de tiempo y espacio), el lenguaje musical (desarrolla el oído interno para escuchar musicalmente y cantar afinadamente) y la improvisación (que estimula los poderes de concentración, capacidad de imaginar e innovar). Las tres áreas se desarrollan con la práctica de ejercicios, lo que se traduce en rítmica corporal.
El trabajo vocal permite que cada persona conozca y explore las posibilidades expresivas de su voz a través de la adquisición de una correcta técnica vocal, el entrenamiento auditivo, la respiración, la coordinación motora, el desarrollo de la percepción musical, la sensibilidad y sociabilización y la relajación. El hecho de cantar en un coro desarrolla un modelo educativo inclusivo de forma inherente; es un tiempo compartido en pos de un objetivo común en el que cada integrante del grupo, desde el director a cada cantor, necesita inequívocamente de todos y cada uno en una suma de voluntades.

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